Domingo Zorrilla es dueño de un universo plástico y poético muy particular, de cuyo rigor y coherencia intempestiva solo una muestra restrospectiva como esta puede dar cuenta. Su pintura nos sitúa en una dimensión inmemorial, animal. Genera un universo que es como un inmenso juego de hechizos y fascinaciones, donde hay formas vivas que se acechan en una inmensidad desconocida: la presencia del mundo en tanto que tierra, despliegue atávico y tectónico de la materia hecha pintura.